Observaciones sobre el estigma y ¿algo nuevo que contar?

Observaciones sobre el estigma y ¿algo nuevo que contar?

Casi cada texto o serie de textos tiene una introducción. Y digo “casi” porque los hay que prefieren empezar in medias res (aunque más adelante se cuente de alguna manera un inicio, de lo que sea). A mí me suele gustar empezar por el principio, pero de una forma concreta. Como habrás percibido mi nombre es Helena, y soy una escort independiente de Barcelona.

Soy consciente de que el término “escort” se utiliza poco en la calle, lo más usado es “puta”. No me gusta esa palabra porque se usa mucho como insulto o al menos con un deje despectivo (cosas del estigma, algo sobre lo que probablemente hable más adelante). El término escort es más neutro, igual de válido y, según lo que he podido observar (quizá me equivoco), podría asociarse a un cierto nivel económico e incluso cultural. Quiero decir que suelen denominarse así a las chicas que cobran a partir de cierta cantidad y, por otra parte, solo he oído esa palabra de boca de hombres que o bien son clientes, o personas relacionadas con este mundo o que simplemente tengan un nivel cultural mínimamente superior a la ¿media? En cualquier sitio es altamente improbable que oigas/leas la palabra ‘escort’ a menos que sea de alguien que cumpla estas condiciones. Esto, por supuesto, es solo una observación basada quizá en una generalización un poco atrevida, aunque he intentado que no fuera tal cosa. Por otra parte me gustaría aclarar que tampoco era una forma de menospreciar a chicas que cobren menos o personas que no sepan de la existencia de tal término. Faltaría menos.

De todos modos, lo que no me gusta es ese tono despectivo con el que se nombra a las chicas de compañía y mucho menos todas las variantes de estas denominaciones, principalmente porque es vulgar. Y odio lo vulgar. Una cosa es ser coloquial, no vamos a hablar como en las novelas, o la poesía, o cualquier texto que se denomine literario. Sería terrible y en muchos casos hasta pomposo. No, por supuesto que no. Pero lo vulgar… Sobra, totalmente. Hay mil maneras de decir las cosas y una que sea vulgar no aporta absolutamente nada, más bien le quita seriedad a lo que se esté diciendo (al menos ese es mi caso y, creo, el de muchas personas). Muchas veces se olvida que este trabajo existe por ellos, no por nosotras, así que no somos seres despreciables que son capaces de vender todo lo que tengan. En ningun caso de las tres posibles razones por las cuales ejercemos este trabajo es aceptable ningun desprecio. ¿Por qué? Razón nº1: Explotación. No creo que tenga que explicar por qué ellas no tienen la culpa. Razón nº2: Voluntario pero derivado de pura necesidad económica (mantener casa, hijos, etc). Tampoco tienen la culpa de estar en esa situación. Y razón nº3: voluntario, con o sin cargas pequeñas económicas, porque nos gusta/apetece, etc. Y si es una decisión y, muy importante, nos preocupamos de nuestra salud (más que ellos por la suya, lo puedo asegurar), ¿qué se tiene que despreciar? Nada, solo se hace por miedo, ignorancia y porque insultar a las mujeres es más sencillo que a los hombres.

Dejando el tema del estigma, en Internet hay mucha información sobre el tema del sexo de pago (y de todo, realmente), muchos blogs, artículos, etc. Por eso no estoy muy segura hasta qué punto podré aportar algo fresco o interesante al asunto (de ahí el título de esta mi primera entrada), pero espero que mis textos sean de interés. Y si no pues nada, será una especie de diario para mí. Básicamente lo que pretendo es hablar un poco sobre ciertas “aventuras” y “desventuras” antes, durante o después de las citas, también de fuera de este mundo, curiosidades que encuentre y otras observaciones que pueda hacer yo, una chica en la veintena, con 4 años de experiencia en este trabajo, una persona que se preocupa por su salud mental, emocional y física, que se toma en serio el trabajo y se preocupa por hacer de cada cita algo especial, auténtico y resulte satisfactorio para los dos. Creo que tengo bastante material dentro de mi cabecita para relatar cosas interesantes, o al menos ésa es la intención.

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