La prostitución y los términos empleados

La prostitución y los términos empleados

Como habrás percibido mi nombre es Helena, y soy una escort particular de Barcelona.

Soy consciente de que el término “escort” se utiliza poco en la calle, lo más usado es “puta” y, de como forma neutra, “prostituta”. No me gusta la palabra puta porque se usa mucho como insulto o al menos con un deje despectivo (cosas del estigma, algo sobre lo que probablemente hable más adelante).

El término escort es más neutro, igual de válido y, según lo que he podido observar (quizá me equivoco), podría asociarse a un cierto nivel económico e incluso cultural. Quiero decir que suelen denominarse así a las chicas que cobran a partir de cierta cantidad y, por otra parte, solo he oído esa palabra de parte de personas relacionadas con este mundo o que simplemente lo hayan oído en algún sitio.

Me gustaría aclarar que no pretendo menospreciar a chicas que cobren menos ni nada parecido. Faltaría más.

De todos modos, me parece lamentable y humillante el tono despectivo con el que se emplea la palabra puta, tanto si se refiere a una prostituta como si no. Me he dado cuenta de que es lo más bajo que le puedes decir a una mujer, por su valía siempre está (supuestamente) condicionada por el sexo. 

Volviendo a la prostitución en sí, muchas veces se olvida que este trabajo existe por ellos, no por nosotras, así que no somos seres despreciables que son capaces de vender todo lo que tengan.

He llegado a la conclusión de que el problema de la prostitución se tiene que valorar según cuán voluntario sea por parte de la chica que ejerce. Cuanto menos voluntario (tráfico sexual, explotación, poca posibilidad de elegir condiciones, incluso necesidad económica alta) más nos deberíamos preocuparnos por ella y apoyarla. Y cuanto más pueda elegir ella sus condiciones, pues hay que apoyarla igual, o simplemente no decirle nada, pero ya no es un problema, es su decisión. De hecho, cuanto más pueda elegir cómo quedar, dónde, sus límites, etc. más podrá ocuparse de sí misma, incluyendo su seguridad y salud física y mental. En resumen, que los desprecios no tienen cabida en ningún aspecto. 

Las prostitutas no vendemos nuestro cuerpo, vendemos sexo (entre otros). Y no somos un saco de ETS.

 

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