Cómo contactar con una escort

Cómo contactar con una escort

Este trabajo es una mezcla entre tomar en serio una relación de trabajo y un trato mínimamente personal. Por eso siempre es necesario hablar con educación, respeto y con las cosas claras, y en ese aspecto es igual a con cualquier profesional. 

La mayor diferencia es que se trata de un servicio (o experiencia) personal e íntimo, así que hay preguntas/comentarios antes, durante y después del encuentro que pueden resultar incómodos o incluso maleducados.

Si estás pensando en estar con una chica de compañía aquí tienes algunas ideas de qué NO decir a una escort (antes de nada ten en cuenta que cada persona, por ambos lados, es diferente, pero tener tacto es indispensable):

  • Si vas a enviar un mensaje, lo peor que puedes hacer es ir con prisas. Un mensaje inicial como “estoy en tal sitio, ¿estás disponible?” raramente es productivo. Recuerda que le estás hablando a una persona con la que quieres quedar, así que qué menos que saludar, ser educado y preguntar sobre detalles concretos para una cita. Cuando llamas o escribes a una escort no es como pedir una pizza o un taxi. 
  • Las negociaciones están mal vistas. La mayoría de tarifas que ves reflejan muchas cosas: servicios, ubicación, estatus, tiempo, etc. y suelen estar muy bien pensados. Si ofreces menos casi siempre se tomará como una ofensa, porque lo es. Es muy difícil poner una tarifa a tu propia compañía y a realizar intimidades, así que una vez fijada tras haberlo pensado detenidamente, no estamos abiertas a regatear. Si no te lo puedes permitir y la chica te gusta mucho, es una lástima, puedes esperar y contactarla con tiempo para asegurarte una cita, o buscar a otra persona. Y si insistes y ella acepta, se sentirá en la cita como tú si decidieras hacer horas extra por nada o una miseria. Por el mismo motivo, ella dicta las tarifas, no tú. Responde sinceramente: ¿Por qué íbamos a querer hacer lo mismo por menos y con alguien que ha demostrado ya que no respeta nuestras condiciones?  
  • Durante la cita, e incluso antes, hay preguntas o comentarios que son más incómodos de lo que crees. Sabemos que algunos son inofensivos, pero no sabemos qué responder.

Por ejemplo, “¿Cuánto hace que haces esto?“. Creo que me lo han preguntado en el 98% de las citas que he tenido, y de verdad que no lo entiendo. Soy consciente de que es un trabajo “peculiar” y cada uno tendrá sus motivos por querer saberlo, pero es una pregunta incómoda y personal. La variante “¿Por qué haces esto? me desconcierta aún más. ¿De verdad quieres una respuesta a por qué estoy contigo en este momento? No creo que sea agradable oír penurias sobre pagar la universidad, viajar o lo que sea. 

  • Me parece entre curioso y preocupante que casi siempre se dé por hecho que yo no tenga pareja. Sea por una pregunta o comentario que quizás no tiene nada que ver, me doy cuenta de que esa posibilidad normalmente no se contempla. 
  • Para terminar, hago mención honorífica a los comentarios que chocan, algunos dichos con malicia y otros no, sea porque se creían graciosos o porque no pensaban que esa realidad / no realidad fuera incómoda.

Por ejemplo, en una primera cita un cliente me preguntó si tenía muchas citas, le dije que no, que solo a veces, y me soltó “claro, cuando necesitas dinero”. Fue algo impactante. Puede ser cierto o no, pero en ningún caso es apropiado decirle eso a alguien. 

Con esta entrada no pretendo insinuar que todos los clientes son unos inútiles, con cero habilidades sociales y que hay que aguantaros y que os den una palmadita en la espalda cuando hacéis algo bien. Tampoco significa que no me guste este trabajo, me aporta muchas cosas y principalmente tengo dos objetivos: hacer que la otra persona se sienta cómoda y que yo lo esté (tanto porque se cumplen mis condiciones como el hecho de que si se cumplen estaré relajada y totalmente para él), dos cosas fundamentales para que el encuentro sea como tiene que ser: perfecto.

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